Las protagonistas de la lucha del Siglo XXI

Hace 208 años, el 16 de septiembre de 1810, se dio inicio al movimiento de la  independencia mexicana del dominio español, para pasar de llamarse la “Nueva España” a “México”, cuando se consumó el movimiento en 1821. En poco más de dos siglos, sin duda que nuestro país ha avanzado en tecnología, desarrollo urbano, relaciones exteriores, educación, infraestructura, comunicaciones, entre otros. Esta nación se ha transformado, traspasando los límites de la imaginación de los pobladores del recién formado México de hace doscientos años para bien y para mal: se concedió a las mujeres el derecho a votar, somos cuna de grandes pensadores, artistas y científicos, por otro lado, deterioro ecológico, desaparición de las lenguas indígenas, aumento del clasismo, inseguridad … en fin, incontables acontecimientos que le dan a nuestro país los matices que refleja hacia el mundo. Y es así que, inmersos en esta extrapolación de matices culturales y económicos, es que en pleno siglo veintiuno todavía hay personas en nuestro país que no pueden llamarse a sí mismas totalmente independientes.

Existen desde Baja California hasta Quintana Roo situaciones de desigualdad, de restricción de derechos humanos, de violencia de género, machismo, corrupción, abuso de autoridad, racismo y xenofobia, aniquilación de los pueblos indígenas… encima de muchos hogares mexicanos el cielo se nubla, totalmente cerrado al calor humano de su propia familia, de otros ciudadanos y de su gobierno.

En la lucha por desvanecer ese cielo gris, han venido unas manos y voluntad casi omnipotentes que han logrado cambiar la situación de estas personas. Manos de mujeres que hoy queremos reconocer ante todos como las nuevas luchadoras de la independencia de las barreras de hoy.

 

Dos siglos después, las mujeres que se levantan no en armas, pero en voluntad.

Es historia de todos los días en noticieros y redes sociales casos de violencia de género, en su extremo denominados “feminicidios”. Los nombres de miles de desaparecidas resuenan y circulan por nuestros medios de comunicación. Las conocemos por fotografía pero su familia lucha desesperada por volver a verla y abrazarla. Desgraciadamente en México los casos van en aumento y la respuesta de las autoridades es poca, tergiversada, trunca o nula. Ante esta situación son muchas las mujeres que levantan la voz por hacer algo al respecto: Norma Andrade quien pasó de ser maestra a activista después de perder a su hija mayor que nunca regresó de la fábrica en donde trabajaba y de quien las investigaciones arrojaron que en el camino de vuelta, la violaron y asesinaron. Otra mujer ejemplar es Imelda Marrufo Nava, quien igual que Norma proviene de Ciudad Juárez y que ante la ola de violencia que vivió esa región en la primera década del 2000, Imelda en su profesión de abogada pero condición de mujer, trabaja para castigar la violencia de género y contribuyó a que fuera tipificada con el término “feminicidio” en Cd. Juárez. Por otro lado desde el centro del país tomamos el ejemplo de Minerva Valenzuela, quien fundó “Bordando Feminicidios”, asociación en la que sus participantes bordan sobre pañuelos las historias de mujeres asesinadas, para que no se olviden, para que sepamos qué les pasó.

Luchando por otro grupo vulnerable como son los indígenas, está Bettina Cruz. Líder de la “Asamblea de Pueblos indígenas del Istmo de Tehuantepec en Defensa de la Tierra y el Territorio”, Bettina se encarga de expresar las preocupaciones y necesidades de la población indígena que no sabe leer ni escribir y que en esta condición, son vulnerables respecto a los derechos que tienen sobre sus tierras pero que otras personas, empresas o instituciones quieren arrebatarles. Vale la pena contar que la lucha no ha sido fácil, sino sufrida, ya que muchos de los participantes de esta asociación han sido encarcelados y torturados.

Desde Oaxaca proviene la historia de Yésica Sánchez, presidenta de la “Liga Mexicana por la Defensa de los Derechos Humanos” y directora del “Consorcio para el Diálogo y la Equidad de Oaxaca”. Yésica en más de 10 años de experiencia, ha observado cómo se manipulan expedientes de indígenas. Hoy trabaja por poner un alto a casos de detención arbitraria, al feminicidio y por la defensa del debido proceso legal. Ha sufrido de difamación, descalificación y vive entre el siempre presente riesgo de ser torturada, desaparecida o asesinada por defender los derechos humanos.

También desde Oaxaca conocemos a Eufrosina Cruz, quien nos demuestra que si ser indígena en México te pone en desventaja, ser mujer indígena es aún más desfavorecedor. Eufrosina Cruz es hoy la primer mujer indígena en el cargo de Presidenta del Congreso del Estado de Oaxaca; sin embargo, su lucha comenzó en 2007 cuando ganó las elecciones como Alcaldesa de Santa María Quiegolani y la Asamblea Municipal integrada únicamente por hombres, le negó asumir el cargo por ser mujer. Once años después vemos una historia ejemplar de esta mujer de origen zapoteco.

De Puebla viene la historia de Reyna Ramírez Sánchez, ahora fundadora y participante del “Colectivo Obreras Insumisas”. Después de años de dedicarse a trabajar en una maquiladora textil en Tehuacán, Reyna decidió denunciar las condiciones laborales de explotación, sin seguridad social ni prestaciones  y despido injustificado que sufrió dentro de la fábrica; además se dio cuenta que levantar la voz era esencial ya que por la región, las maquiladoras textiles son fuente de ingresos de muchas personas, incluyendo mujeres migrantes de Veracruz y Oaxaca. Hoy busca alternativas y defiende el derecho a un trabajo digno.

La Hermana Consuelo Morales, fundadora y directora de “Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos”. Nacida en Monterrey, Nuevo León, la hermana Consuelo ha hecho historia en una región donde en años anteriores desaparecían seis personas al día. Su organización persigue la defensa y promoción de los derechos humanos, impulsando el respeto a la dignidad de la persona, después de que Consuelo regresara a Monterrey (había trabajado  con comunidades indígenas en Veracruz y con niños de la calle en la Ciudad de México) se encontró un lugar en el que reinaban los abusos de autoridad sobre los ciudadanos. Su labor ha sido distinguida con el Premio Nacional de Derechos Humanos y el premio Alison Des Forges por Activismo Extraordinario de Humans Rights Watch.

 

La lucha en México del siglo XXI

Las historias de lucha de estas mujeres sorprenden, abren los ojos a la realidad actual y sobre todo, depositan nuevamente esperanza al saber que el curso de las cosas puede ser diferente. En una época en la que -si tenemos acceso a un teléfono inteligente- vivimos inmersos en estar comunicados, en tener la facilidad de expresar lo que sentimos o lo que nos pasa, en hacer una denuncia a través de redes sociales para atraer la atención si es que las autoridades no responden, es notorio que una persona puede ser la primera voz para cambiarlo todo. Y es esto lo que rescatamos de las historias de las 8 mujeres relatadas en este artículo, que para comenzar se necesita de voluntad.

En esta temporada de celebración nacional, hoy nos pusimos a reflexionar y concluimos que nos falta mucho para que los 122 millones de habitantes tengan las mismas oportunidades de alimentación, vivienda y ya no se diga educación, pero se puede empezar por darle acceso a cubrir necesidades básicas como la salud.

Hoy celebramos la lucha, los fracasos y los éxitos de estas mujeres inspiradoras que nos dejan un mensaje clave: para cambiar al país no esperes a que las autoridades o instituciones comiencen a hacerlo si tú puedes comenzar moviendo barreras, cambiando vidas.

 

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